Un diálogo interno
Traté de escapar. Solo para descubrir que no había dónde ir. No hay dentro, ni fuera. Todo es un círculo. No importa la o él, cero o cien. De verdad quise que mi vida fuera otra cosa. Algo más que acumular papeles inútiles, abrir los cerrojos cada mañana y cerrarlos por las noches. Encender las luces del salón con mecánica de idiota. Sentarme en esta silla, encender la computadora. Procurar que la abrochadora esté siempre en su sitio, que haya biromes suficientes para tomar los pedidos, que las carpetas de registros de taller permanezcan apiladas lomo contra lomo, formando un rectángulo sólido. Sacar cuentas, hacer el arqueo de caja diaria, aguantar las neurosis ajenas, ”buen día, señora” con la mejor cara que pueda tener. Eso si, nunca fui puntual. Me reservé para mi esa pequeña libertad, ese acto de rebeldía minúsculo. Creí que podía torcer las cosas, ablandar el ladrillo. Pero mi mundo es un lugar frío y hostil y ya no tengo paz. Una persona me dijo hace un tiempo, que tenía que...