Acerca de las obras inconclusas
Toda obra
tiene más futuro que presente, tiene más para dar de lo que “es” (de lo que puede
pensarse en esencia que es) Entonces la obra está puesta en el mundo de aquí en
adelante, desde su concepción en adelante. Esta idea entra en aparente
contradicción a la alta valoración que se tiene del presente como único espacio
concreto de realización, pero ¿cuál es entonces el presente de una obra? Creo
que el tiempo vital de una obra se renueva con cada interpretación; cada
lectura le da a la obra un presente nuevo y, por lo tanto, vuelve a servir como
un prisma; una forma de ver -y de entender- el mundo que es a la vez cambiante
y modificado por la obra. Es decir que el presente de la obra se realiza en
cada lector. De este modo, la literatura encuentra su más alto horizonte: una
forma de indagar en la condición humana. Y ese es su profundo valor. Para que
este proceso se repita, es necesario que ningún círculo esté cerrado, siendo el
final lo que menos importa en este sentido.
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