Mi hermana se queja con frecuencia de la tendencia a la recreación que, al parecer, tienen las personas. Según ella, es una especie de padecimiento que nos obliga a la añoranza inútil, que nos sume en la mediocridad y nos trae la mímica de lo que ya no es, en su peor forma. ¿Por qué no contentarse con el simple recuerdo? El recuerdo sería mejor que cualquier cosa, o, por lo menos, más útil. Pero recrear, mal que le pese a mi hermana, es todo lo que podemos hacer. Es la cumbre de nuestra materialidad. Recrea el relator de los hechos pasados (de alguna manera todos lo son), en el mismo instante en que los enuncia con pretenciosa novedad. Recrea el predicador la fe de sus fieles en cada ceremonia. El salmón recrea contracorrientes. Recrea el Claro de Luna una tristeza cualquiera. A Cervantes toda la prosa lo recrea. Recreo una ilusión a cada instante. Horizontes recrea el sextante. Un olvido imposible, el mar errante. Imaginemos un mundo en el que la recreación no fuera posible. Donde las...